Rebeldía, Color, Espíritu: Expresionismo Alemán

Una semana más en Parte del Arte os acercamos las exposiciones más interesantes que se han inaugurado en nuestra ciudad y que, por supuesto, incluimos en la programación de nuestro curso Exposiciones y Colecciones de Madrid.

En esta ocasión os hablamos de la reciente muestra del Museo Nacional Thyssen- Bornemisza que lleva como título “Expresionismo Alemán en la colección del Barón Thyssen-Bornemisza”. Lo cierto es que se trata de una muestra que estaba prevista para abril pero que, dadas las circunstancias sanitarias, finalmente se ha adelantado. Se inauguró el pasado 27 de octubre y uno de los aspectos más significativos es que con ella el museo arranca toda una serie de eventos programados para celebrar el “Año Heini” ya que, en 2021, se cumplirán 100 años del nacimiento de Hans Thyssen-Bornemisza, el barón fundador del Museo y uno de los coleccionistas más importantes del siglo XX.

El museo ha organizado una gran fiesta con un escenario de lujo repleto de colores vivos y llamativos, toda una explosión de color que nos harán disfrutar de esta muestra y acercarnos a la historia del Barón y de su pasión por este arte que, como os vamos a contar, fue el pistoletazo de salida para una de las colecciones de arte moderno más importantes del siglo XX. Además, a esta celebración no ha querido faltar nadie, y por ello, la exposición nos muestra obras que pertenecen a la propia colección del Museo y obras que pertenecen, por un lado, a Carmen Thyssen y, poro otro, a las colecciones privadas de sus hijos Francesca y Alexander, unas pinturas que nunca se habían mostrado al público en nuestro país.

Pero ¿cuándo se interesó el barón en este tipo de pintura? En mayo de 1961 el barón visitó una subasta de arte en Stuttgart y allí se quedó fascinado con una acuarela del pintor expresionista Emile Nolde. Esta joven pareja pintada entre 1931 y 1935, despertó en el Barón un interés que hacía tiempo que no sentía. Acostumbrado a la colección de su familia, centrada en pintura antigua (sobre todo renacentista y barroca) llamaron su atención las figuras silueteadas, la gama audaz de colores tan contrastada que creaba una atmósfera de tensión entre los personajes, por lo que decidió comprarla.

Emile Nolde. Joven Pareja (1931-1935) Parte del Arte

“Mi padre despreciaba el arte moderno. Siempre decía que el arte se había terminado al final del siglo XVIII y cuando yo era joven, me lavó el cerebro, me hizo pensar como él durante mucho tiempo”.

Hans Heinrich “Heini” Thyssen-Bornemisza

Como podéis imaginar, este nuevo camino que “Heini” iniciaba no gustó especialmente a su familia, y fue entonces cuando decidió rebelarse contra su padre. Esta rebeldía tan presente en la exposición provocó que, a partir de 1947, tras la muerte de su padre y cuando hereda la fortuna, empresas y colección de arte, decida iniciar un nuevo camino con una colección mas moderna, abierta e internacional cuando tenía ya unos cuarenta años.

“Empecé a pensar que, si los primeros años del siglo XX habían producido tantas cosas importantes en la ciencia, en la técnica y en otros campos, el arte de esa época tenía que ser también interesante”.

Hans Heinrich “Heini” Thyssen-Bornemisza

En este sentido fueron fundamentales amigos como Stavros Niarchos y David Rockefeller, que también coleccionaban arte moderno. Se sintió más cercano a ellos que a su familia y lo que había significado. Él no quería ser un gran magnate como su padre y su abuelo, ni tampoco mantener el carácter conservador de ambos. A él le interesaba el mundo moderno, y por eso fijó uno de sus primeros objetivos en el conocimiento del Expresionismo Alemán, tachado de arte degenerado por la Alemania del Tercer Reich.  

La exposición nos muestra muy bien todo este contexto político, histórico y social. Lo hace a través de las obras expuestas ya que se da a conocer el viaje y el contexto que ocupan desde que salen de los talleres de los artistas hasta que llegan a la colección. Además, no sigue un orden cronológico, sino temático, que ayuda a reforzar la comprensión del momento en el que se constituye esta colección.  Por supuesto, os contamos algunas claves de esta fantástica muestra:  

LOS ARTISTAS: PROCESOS DE CREACIÓN

“El expresionismo es una droga, es como si este arte te gritara, te bombardea con efectos y te provoca una excitación nerviosa como la de la música moderna”.

Hans Heinrich “Heini” Thyssen-Bornemisza

Sin duda, estas palabras del barón describen muy bien el sentimiento que compartían todos los artistas del movimiento: una misma forma de entender que el arte parte de la visión interior del artista y que ya no busca imitar una realidad, sino crear una nueva. Los artistas del grupo Die Brücke (el puente) o del Blaue Reiter (Jinete Azul) entendieron sus talleres como un laboratorio de nuevas ideas, decorado con esculturas cercanas a las de los pueblos primitivos, batiks estampados o muebles rústicos fabricados por ellos mismos.

Ernst Ludwing Kirchneer. Fränzi ante una silla tallada. 1910. Museo Nacional Thyssen Bornemisza. Parte del Arte.
Ernst Ludwig Kirchner. Cocina alpina, 1918. Museo Thyssen Bornemisza. Parte del Arte

REFERENTES

Los artistas expresionistas buscaban reivindicar una era preindustrial pura y sin contaminar, volviendo a representar exteriores o inspirándose en los referentes culturales de aquel tiempo como Munch. Por eso, en esta exposición encontramos obras de este novedoso y colorido estilo junto a, por ejemplo, pinturas de Van Gogh (Les Vessenots en Auvers, 1890) o Gauguin (Idas y venidas, 1887) Así, la exposición pretende para mostrar el interés que despertaron en ellos estos pioneros de la modernidad, cuya obra pudieron conocer de primera mano a través de publicaciones y exposiciones.

Izq: Vincent van Gogh. Les Vessenots en Auvers, 1890. Dcha: Erich Heckel Casa en Dangast (La casa blanca), 1908. Parte del Arte.

EXTERIORES

Uno de los aspectos más importantes para este movimiento de vanguardia fue el paisaje, objeto de múltiples obras. Y es que, para estos expresionistas, la relación entre el hombre y la naturaleza, como muy bien muestra la obra de Franz Marc (El sueño, 1912) fue fundamental para el desarrollo de su producción. El paisaje se transformó en su estudio al aire libre, donde
les llevo a una búsqueda incesante de lo originario y pueblos primitivos.

Karl Schmidt-Rottluff El pueblo de Dangast, 1909. Parte del Arte.
Ernst Ludwig Kirchner Paisaje con castaño, 1913. Parte del Arte.
Karl Schmidt-Rottluff Reflejo de nubes, 1936. Parte del Arte.

LA DIFUSIÓN DEL NUEVO MOVIMIENTO

Wassily Kandinsky Pintura con tres manchas, n. 196, 1914. Museo Thyssen Bornemisza .

La mayoría de estos artistas expresionistas escribieron manifiestos y organizaron muestras programáticas como vehículo de divulgación de sus ideas artísticas y poco a poco fueron alcanzando cierto reconocimiento de crítica y público. En estas salas se reúnen algunas de las obras que acabaron formando parte de la colección Thyssen y que fueron incluidas en las primeras exposiciones tanto colectivas como individuales del Jinete Azul; como por ejemplo la Vista de una plaza (1912) de Paul Klee o la pintura con tres manchas (1914) de Kandinsky.

Sin embargo esta creciente difusión pública de los expresionistas se vio interrumpida con el inicio de la Gran Guerra. Hacia 1913 el grupo inicial del Brücke ya se había dispersado y cada artista siguió su trayectoria por separado; Macke y Marc fallecieron en el frente; Kandinsky volvió a Rusia; Jawlensky se refugió en Suiza… Una década después, muchas de ellos como Kandinsky o Klee se desplazaron a Dessau para trabajar en la Bauhaus y otros como Grosz o Max Beckmann se dedicarían a mostrar en su obra la descomposición de la sociedad alemana.

Sala de Exposición con la Pintura con tres manchas de Kandinsky al fondo. Parte del Arte.

LA POLÍTICA: PERSECUCIÓN Y ESTIGMATIZACIÓN

Como ya hemos mencionado, uno de los aspectos que más llamaron la atención de Heini Thyssen fue el colorido y la fuerza expresiva de la pintura expresionista, pero también le persuadió las razones políticas del movimiento.

Debemos tener en cuenta que el ascenso de Hitler al régimen nacionalsocialista dio lugar a una política de depuración artística que creo conceptos como “arte degenerado”. Se organizaron diferentes exposiciones y varias pinturas que se encuentran hoy en la colección Thyssen formaron parte de aquellos fondos que fueron denigrados. Es el caso, por ejemplo, de la Metrópolis que pintó George Grosz, que fue catalogada como “herramienta de propaganda marxista contra el servicio militar”. Lo cierto es que el recorrido de la obra es muy interesante.

Greorge Grosz. Metrópolis, 1916-1917. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Fue puesta a la venta directamente por el gobierno del Reich en una polémica subasta en 1939 en la Galerie Fischer de Lucerna, en la que se llegaron a vender más de cien obras incautadas. Metrópolis fue comprada por Curt Valentin, un galerista alemán instalado en Nueva York que rápidamente revendió la obra al coleccionista Herman Shulman. Pero cuando la figura de Grosz estaba asentada y consolidada en América, Curt Valentin volvió a adquirir la obra y poco antes de morir se la vendió a un marchante que, ya en 1978, se la vendería al Barón. Y es que, a pesar del intento de los nazis por pugnar el arte moderno, lo que consiguieron fue que creciera el interés por este arte en el ámbito internacional.

Max Beckmann. Quappi con suéter rosa, 1934-1934. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Lo mismo ocurrió con el pintor Max Beckmann. En esta exposición volvemos a ver a Quappi, una de las grandes obras que posee el museo y sin duda, una de nuestras obras favoritas. Quappi es el reflejo de toda esta época y su proceso de creación nos muestra un mundo que se torna triste e intranquilo. A través del testimonio de Stephan Lackner, el primer propietario del retrato y un buen amigo de Beckmann, sabemos que, en la primera versión, Quappi tenía una sonrisa más amplia. Sin embargo, en el intervalo que había transcurrido entre las dos sesiones, la vida de los Beckmann había sufrido una fuerte transformación. Los nazis habían obligado al pintor a abandonar su cargo de profesor de la academia de Frankfurt y la pareja vivía clandestinamente en Berlín, intentando pasar desapercibida. La sonrisa de Quappi se hizo más pequeña entonces.

LOS MARCHANTES: REHABILITACIÓN Y RECUPERACIÓN

Si hay algo que está muy presente en esta exposición es la figura del marchante. El propio Barón Thyssen encontró en uno de ellos la figura de un mentor, casi de un padre. Se trataba de Roman Norbert Ketterer, subastador y galerista que desde el final de la guerra había trabajado con enorme éxito recuperando el expresionismo alemán y sacándolo al mercado internacional. Él era el albacea de Ernst Ludwing Kirchneer, que pronto se convirtió en el artista favorito de Heini Thyssen. Cuando Ketterer necesitaba dinero, le vendía a Heini alguna obra de su colección. Así es como llegó a la colección, por ejemplo, la obra de Fränzi ante una silla tallada.

Franz Marc. El sueño, 1912. Museo Nacional Thyssen Bornemisza.

El barón Thyssen fue un coleccionista interesado por la historia de los cuadros que adquiría y se sintió especialmente atraído por obras emblemáticas, que contaran con un pasado memorable. El sueño de Franz Marc es sin duda el mejor ejemplo. La obra la encontramos al inicio de la exposición por la referencia a la naturaleza y el color expresivo, pero el recorrido de la pieza es uno de los más interesantes de la historia de la exposición. Fue el mismo pintor quien se lo regaló a Kandinsky y por eso, durante cierto tiempo el cuadro estuvo en Rusia (de 1914 a 1921). Años después, fue seleccionado para la International Exhibition of Modern Art de la Societé Anonyme celebrada en Nueva York y en varias ciudades americanas durante 1926 y 1927. Incluso cuando el barón Thyssen la compró, todavía pertenecía a Nina Kandinsky, segunda esposa del pintor. Y como esta, la exposición muestra el recorrido de diferentes obras que al igual que encandilaron al barón, también ganará al público que la contemple.

LA COLECCIÓN: UNA IMAGEN GLOBAL/INTERNACIONALIZACIÓN

El último de los ámbitos de la exposición nos recuerda la rebeldía del Barón a la hora de iniciarse en el coleccionismo del arte moderno. A través de un mapa muy visual y cronológico descubrimos las adquisiciones de Heini Thyssen y todos los proyectos que llevó a cabo, como por ejemplo la primera muestra de arte expresionista que realizó en Villa Favorita (Lugano, 1989)  y que acabó viajando a ciudades como Washington, Fort Worth y San Francisco.

Los barones Thyssen en la inauguración de la exposición Espressionismo. Capolavori della Collezione Thyssen-Bornemisza en Villa Favorita, Lugano, 1989. Parte del Arte.

Al final de la exposición entendemos el espíritu de libertad que embriagó al barón y que rompió con la tradición académica. El Expresionismo alemán le concedió la licencia de atreverse con todo; en 1963 se atrevió a comprar una obra de Pollock, y en los 70 adquirió dadá, surrealismo, expresionismo abstracto, pop art… De hecho, en términos de cantidad, ha sobrepasado la colección de maestros antiguos.

El coleccionismo fue para Heini la manera de vivir en primera persona y hacer suya la historia del arte, y por suerte, hoy esa historia del arte la podemos disfrutar en el museo y en esta fantástica exposición que estará hasta el próximo mes de marzo en el Museo Nacional Thyssen Bornemisza.

Wassily Kandinsky. La Ludwigskirche en Munich. 1908. Museo Nacional Thyssen Bornemisza. Parte del Arte.

Nos despedimos por hoy. Como siempre, nos encantará leeros y comentar con todos vosotros y vosotras qué os ha parecido la exposición. Ya sabéis que podéis encontrarnos en nuestras redes sociales (Instagram, Facebook y Twitter), nuestra página web y en este Baluarte. ¡Seguidnos para no perderos nada!

¡Feliz Semana!

“LOS IRASCIBLES”. REBELIÓN ARTÍSTICA EN LA FUNDACIÓN JUAN MARCH

Son tiempos difíciles y en Parte del Arte lo sabemos muy bien. Como muchos de vosotros sabéis, dada la actual situación de emergencia sanitaria que estamos viviendo hemos tenido que suspender nuestra actividad habitual de cursos, visitas guiadas y experiencias culturales en Madrid.

No obstante, somos chicas optimistas y de esta incertidumbre hemos sacado algo bueno, y es que nos hemos dado cuenta de que disponemos de muchos recursos que nos permiten continuar con nuestra misión: acercarte el arte y la cultura de una forma rigurosa, amena y multidisciplinar para que puedas disfrutar con los cinco sentidos. Uno de estos recursos es precisamente este blog, BaluArte, en el que estaremos más activas que nunca compartiendo con vosotros contenido sobre la actualidad artística de Madrid. Así, entre todos, conseguiremos que la cultura resista a esta terrible crisis. ¿Nos ayudas?

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El equipo de Parte del Arte, formado por las historiadoras del arte ( de izquierda a derecha) Isabel Cámara, Laura de la Faya,  Esther Arce y Natalia Nuñez (directora)

Hoy en BaluArte os hablamos de la extraordinaria exposición que albergan las ahora cerradas salas de la Fundación Juan March de Madrid dedicada a uno de los hitos de la pintura del siglo XX, el expresionismo abstracto y sus protagonistas, los pintores de la Escuela de Nueva York. Hoy, te proponemos una visita virtual por esta exposición que lleva por título: Los Irascibles: Pintores contra el museo, así que ponte cómod@ y ¡sigue leyendo!

LA REBELDÍA DE LOS PINTORES NORTEAMERICANOS

La exposición nos cuenta una historia que, aunque parece anecdótica, terminó convirtiéndose en uno de los hitos más importantes de la historia del arte del siglo XX. Es la historia de una protesta, de un acto de rebeldía protagonizada por dieciocho artistas de la Escuela de Nueva York contra una exposición  que llevaba por título American Painting Today: 1950, que presentaba el Metropolitan Museum of Art.

Muchos de estos artistas, a pesar de que ahora nos resultan imprescindibles para entender la pintura norteamericana de este periodo, no se encontraban representados en esta exposición, ya que la muestra escogió una serie de artistas que representaban un gusto que tendía hacia el pasado y sus técnicas figurativas. Defensores del expresionismo abstracto americano, su inconformidad ante esta situación fue congelada a través de una icónica fotografía que es el punto de partida de esta exposición. Al reunir a todos estos artistas, tanto a los que tuvieron una carrera exitosa como a los menos conocidos y apenas expuestos fuera de los Estados Unidos, esta muestra ofrece al público un conocimiento más completo de uno de los grupos de artistas con mayor relevancia de la mitad del siglo XX.

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Hedda Sterne, NY, NY No. X , 1948
Tate, Londres. Donación de Clara Diament Sujo, 2012 
© Hedda Sterne, VEGAP, Madrid, 2019

 

MUCHO MÁS QUE UNA FOTOGRAFÍA: EL RETRATO DE LA MODERNIDAD

La fotografía con la que comienza la exposición es mucho más que una imagen en la que podemos reconocer a varios artistas de este periodo. Se trata de un documento gráfico que nos revela un acontecimiento mucho más importante en la historia del arte, el comienzo de una revolución pictórica fundamental.

La historia comienza en 1950 cuando en Nueva York se organiza la famosa exposición American Painting Today: 1950. Las obras elegidas para esta muestra eran elegidas por un jurado de convicciones convencionales que no quería arriesgarse y que escogió artistas y obras convencionales, las obras típicas “de museo” (pintura figurativa fundamentalmente). Por lo tanto, los artistas expresionistas abstractos, que ya se movían con firmeza en los círculos vanguardistas, quedaron excluidos de la muestra.

Por ello, decidieron echarle un pulso al Metropolitan con una carta contra el jurado, que se publicó en el New York Times, teniendo cierta repercusión en muchos otros medios de comunicación del momento.

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Los irascibles, fotografía de Nina Leen publicada en la revista Life el 15 de enero de 1951. © Nina Leen/The LIFE Picture Collection vía Getty Images

En enero de 1951 será la revista Life donde la protesta alcanza su máxima dimensión con la publicación de la fotografía de la mayor parte del grupo (excepto tres miembros) en una fotografía tomada por Nina Leen, que ya llevaba tiempo trabajando para la revista. No es una foto espontánea, sino que se negociaron todos los detalles: se evitó que estos autores posaran portando sus obras (evitando que fuesen considerados artesanos) o en las propias escaleras del MET (como si no tuvieran derecho a mostrar su producción en sus salas). La imagen se tomaría en un aséptico estudio propiedad de la revista, y las poses de los quince pintores retratados fueron libres: Leen evitó darles indicaciones temiendo que se echaran atrás.

De la docena de fotografías que Leen tomó, en Life eligieron aquella en la que los artistas se mostraban más serios, con aspecto de enfadados, y la obra se convertiría en icono: en retrato extraoficial de la Escuela de Nueva York, aunque algunos de sus miembros no aparezcan.

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1.Baziotes/ 2.Brooks/ 3.De Kooning/ 4.Ernst/ 5.Gottlieb/6.Motherwell/7.Newman/8.Pollock/ 9.Pousette-Dart/10.Reinhardt/11.Rothko/12.Stamos/13.Sterne/ 14.Still/15.Tomlin

Un dato curioso es que sólo aparece en el grupo una mujer, la artista de origen rumano y esposa de Saul Steinberg, Hedda Sterne, que había llegado a Nueva York en 1941. La propia artista lamentó más tarde ser recordada sólo gracias a esta imagen y no a sus setenta años de trayectoria artística. En la imagen se la ve en la parte de atrás de pie sobre una mesa. En sus propias palabras sobre este momento: “Todos estaban muy furiosos porque yo estaba allí porque todos eran lo suficientemente machos como para pensar que la presencia de una mujer le quitaba la seriedad.” (Entrevista con Phyllis Tuchman , 1981.)

LA CARTA: LA REIVINDICACIÓN DE “LOS IRASCIBLES”

El artista Adolph Gottlieb fue el encargado de redactar la carta de protesta, que iba dirigida  a Roland L. Redmon, presidente del Metropolitan de Nueva York. Le llevo tres semanas, en las que consultó a otros artistas por correo y por teléfono hasta que por fin consiguió una versión definitiva que se envió a los dieciocho artistas de forma individual para que la firmasen.

El domingo 21 de mayo de 1950 el artista Barnett Newman llevó esta eclaración firmada al editor de la revista New York Times, y apareció en la portada de la famosa publicación el 22 de mayo. Newman le dijo al Times que criticaban la membresia de los cinco juardos regionales que formaban parte de la muestra y se opusieron especialmente al jurado de la propia ciudad de Nueva York por no haberles tenido en cuenta como corriente artística fundamental del arte actual. Comparaban su situación a la de los Impresionistas, cuando fueron rechazados de los Salones oficiales y se vieron obligados a exponer sus obras de forma independiente.

La repercusión de la carta no se hizo esperar y enseguida llegó la primera respuesta, publicada el 23 de mayo en el The Herald Tribune. En esta respuesta se  atacó a los artistas por ” distorsión de los hechos” al afirmar que el Metropolitan sentía desprecio por la pintura moderna. Los artistas redactaron una refutación para enviar al Herald pero nunca fue publicada.

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Willem de Kooning, Zot, 1949. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York.© 2019 Copyright imagen, The Metropolitan Museum of Art/Art Resource/Scala, Florencia
© The Willem de Kooning Foundation, Nueva York, VEGAP, 2019

También otros medios de comunicación como el The Nation se convirtieron en altavoz de este debate artístico, del que los ” 18 irascibles” ( apelativo que se les había adjudicado en la primitiva publicación del The Herald Tribune), cosecharon algunos frutos.

Alfred Barr, primer director del Museum of Modern Art de Nueva York, que buscaba distinguir su museo, seleccionó a algunos de estos artistas, concretamente a Arshile Gorky , Willem de Kooning y Jackson Pollock para el pabellón estadounidense de la 25
Bienal de Venecia , celebrada de junio a octubre de 1950. En la edición de junio de 1950 de ARTnews , él se refería a los pintores como “líderes de una “vanguardia predominante”.  El acto de Barr señaló al mundo del arte que los museos deberían considerar seriamente el expresionismo abstracto.

EL TRIUNFO DEL EXPRESIONISMO ABSTRACTO

La exposición continua con una sala que lleva por título “18 artistas, 18 obras”. Las 18 pinturas expuestas  no estuvieron, obviamente en la famosa exposición del Metropolitan. Son préstamos de diferentes coleccionistas públicos y privados para mostrar la relevancia que adquirieron los expresionistas abstractos integrantes de la Escuela de Nueva York. El montaje es peculiar ya que se ha optado por la madera (abedul y pino seco) en lugar de por el célebre y aséptico cubo blanco, con el fin de acercar este espacio al de los estudios de los artistas o sus galerías, allí donde ellos trabajaban y exponían antes de alcanzar su gran reconocimiento.

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Imagen del montaje de la exposición en Fundación Juan March.De izquierda a derecha las obras de Fritz Bultman, Theodoros Stamos y Jimmy Ernst ( Imagen: Yolanda Cardo. Crónica Global)

LA ESCUELA DE NUEVA YORK. UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER EL ARTE

El expresionismo abstracto, surgido en la década de los 40 en Estados Unidos, es un movimiento pictórico contemporáneo dentro de la abstracción, que se concreta en las tendencias informalistas y matéricas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se considera el primer movimiento genuinamente estadounidense dentro del arte abstracto.

Al expresionismo abstracto también se lo conoce como Escuela de Nueva York, pero esta denominación abarca otras artes (música, diseño, poesía, teatro…). No se trata propiamente de una escuela con un estilo común, sino de un conjunto de artistas de convicciones semejantes y que compartían una serie de técnicas pictóricas.

Aunque existen grandes diferencias entre la obra de los integrantes de la Escuela de Nueva York, podemos hablar de algunas características formales que tienen en común.

En primer lugar, su preferencia por los grandes formatos. Generalmente son abstractos en el sentido de que eliminan la figuración, aunque hay excepciones y algunos emplean trazos figurativos, apareciendo figuras reconocibles, como ocurre con las Mujeres de Willem de Kooning.

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Mujer y bicicleta. Willem de Kooning, 1953. Imagen: (mundodelmuseo.com)

Otra de las características principales de los expresionistas abstractos es la concepción de la superficie de la pintura como all over (cobertura de la superficie), para significar un campo abierto sin límites en la superficie del cuadro: el espacio pictórico se trata con frontalidad y no hay jerarquía entre las distintas partes de la tela. El cromatismo suele ser muy limitado: blanco y negro, así como los colores primarios. Este tipo de cuadros, con violentos trazos de color en grandes formatos, presenta como rasgos distintivos la angustia y el conflicto, lo que actualmente se considera que refleja la sociedad en la que surgieron estas obras.

En cuanto a los proceses de realización de este tipo de obras, existen diferentes tipos de obras dentro de este grupo, que veremos a través de algunos ejemplos de la exposición.

Jackson Pollock, Yellow Islands 

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Esta obra es de uno de los grandes artistas del Expresionismo Abstracto, el pintor Jackson Pollock ( 1912-1956). Fue uno de los máximos representantes de una nueva forma de pintar, muy común en este movimiento, que se conoce como Action Painting, en la que el centro de interés  es el gesto o movimiento de pintar, llamándosela también «pintura gestual» por la primacía que dio al procedimiento pictórico en sí. Se hace del acto de pintar un gesto espontáneo. Es un tipo de automatismo que plasma el estado físico y psíquico del pintor. De esta manera, elimina los límites tradicionales entre el pintor y la pintura, ligando la acción de pintar con la biografía del artista. Jackson Pollock usó como terapia contra su alcoholismo.
Pollock extendía la tela, normalmente sin tratar, sobre el suelo, y corría o danzaba a su alrededor y dentro de ella, derramando la pintura de manera uniforme. Pollock no trabajaba sobre el lienzo sino, muchas veces, metido en él. En efecto, no trabajaba la tela con utensilios tradicionales como el pincel o la espátula, sino mediante la técnica del dripping, que consiste en dejar gotear o chorrear la pintura, desde un recipiente (tubo, lata o caja) con el fondo agujereado, que el pintor sostenía en la mano o bien, en menor medida, desde un palo o una espátula. De esta manera pintar no era algo que se hacía con la mano, sino con un gesto de todo el cuerpo.

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Pollock trabajando sobre el lienzo

Mark Rothko. Sin título

Resultado de imagen de Mark Rothko. Sin título, 1952. National Gallery of Art, Washington.

La color-field painting o «pintura de campos de color» es otra corriente dentro de la Escuela de Nueva York, que es antecedente de la pintura minimalista y que está centrada en el color y sus posibilidades expresivas. Surgió igualmente en torno al año 1947. Dentro de esta tendencia se enmarca la obra de Mark Rothko. Este artista comenzó su trayectoria a principios de los años 40 utilizando figuras biomorfas. Pero hacia 1947 su estilo sufrió un cambio, centrándose en manchas de color de forma geométrica, normalmente dos o tres rectángulos horizontales. Se organizaban sobre la superficie del cuadro de forma frontal, unos sobre otros de forma simétrica. Los colores, especialmente los de los rectángulos, eran luminosos, siendo más apagados los del fondo. Rothko creaba superficies lisas de contornos  borrosos. La impresión que ofrecen los cuadros de Rothko es de serenidad, muy distinta de la angustia y violencia de los action painter.  Los colores, aplicados en sucesivas y finas veladuras, como si en vez de óleo se tratara de acuarela, nunca nos revelan las pinceladas, disminuyendo la textura de la pintura a su mínima expresión. Rothko consideraba que el color puro era el mejor modo para expresar las emociones, por ello, concebía sus obras como dramas, como la representación de una tragedia sin tiempo. Sus cuadros, de gran intensidad espiritual, consiguen envolver al espectador con una gran fuerza emotiva, invitándole a la contemplación y la meditación.

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Imagen de la Capilla Rothko, Houston

Pese a las dificultades iniciales, el movimiento del expresionismo abstracto en Estados Unidos terminó por consagrarse como el gran movimiento de vanguardia de este país. Una corriente que es mucho más que un movimiento artístico y que abaraca desde  una nueva forma de concebir la pintura, el cuestionamiento de las técnicas y procesos tradicionales del arte, hasta el planteamiento de otras cuestiones más profundas, como los debates que surgieron en torno a la función del museo y las instituciones culturales y su forma de entender y gestionar la producción artística.

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