Del Vaticano a Madrid. Los tapices que fascinaron a Felipe II

Esta semana en Parte del Arte queremos hablaros de una de las experiencias culturales más especiales que podéis disfrutar en estas navidades. Se trata de la muestra Rafael en Palacio: Tapices para Felipe II en el Palacio Real de Madrid. Sin duda, una oportunidad única para disfrutar de una colección de nueve tapices, pero que ocupan hasta 400 metros cuadrados de la galería central del palacio. Además la muestra se integra dentro de la conmemoración del V Centenario de la muerte de Rafael Sanzio (1483 – 1520). Como siempre, os damos las claves en el post de hoy.

RAFAEL Y EL GRAN PROYECTO

Retrato de Rafael Sanzio (detalle). Fuente: El Cultural

Rafael Sanzio (Urbino, 1483 – 1520 Roma) es uno de los artistas más importantes de lo que conocemos como el alto renacimiento italiano. Compartió tiempo con otros genios como Leonardo da Vinci o Miguel Ángel, lo que hace de aquella época una de las más destacadas en el panorama artístico e intelectual.

Rafael destacó desde una edad muy temprana y con tan sólo 25 años llegó a uno de los puntos más álgidos de su carrera, pues ya tenía encargos para pintar diferentes Estancias Vaticanas. Su obra es reconocida en todo el mundo pero sin embargo, en el tiempo en el que vivió, ser pintor era considerado un gremio más y se identificaba con los artesanos. Sin embargo, Rafael fue uno de los primeros artistas en comenzar a firmar su obra y, poco a poco, la profesión fue ganando en importancia y prestigio. Con la misma rapidez con la que se convirtió en un gran artista, consiguió ganarse el cariño de la gente. Cuentan que en muchas ocasiones regalaba sus dibujos, muy cotizados ya en aquel tiempo, a aquellos pintores que pasaban algún apuro económico, y de hecho contrató a muchos de ellos como ayudantes de su taller.

En cuanto a la temática que abordó y la que encontramos en la exposición, lo cierto es que debemos tener en cuenta que una de las primeras y grandes representaciones de los acontecimientos bíblicos en el renacimiento fue la que realizó Miguel Ángel en la bóveda de la Capilla Sixtina. Precisamente, en este punto es donde cobra relevancia el encargo de la serie de tapices de los Hechos de los Apóstoles. Fue el papa León X quien en 1514 encargó la serie para colocarla debajo de los frescos de los grandes maestros del renacimiento como Botticelli o Perugino en las estancias vaticanas. Rafael realizó entonces diez cartones para tapices que representan escenas de la vida de san Pedro y san Pablo. Rafael pintó los cartones en su taller y los tapices se tejieron en 1519 en Bruselas, en el taller de Pieter van Aelst, el “príncipe de los tapiceros”. Una curiosidad que nos contó la comisaria de la muestra, Concha Herrero Carretero es que la tapicería era en aquell tiempo un arte supremo que estaba mucho más valorado que la propia pintura, tanto que a Rafael le pagaron cien escudos de oro por cada cartón y a van Aelst mil escudos de oro por cada tapiz. “La tapicería era entonces un arte supremo y se valoraba mucho más que la pintura. Por fin, en 1519 los primeros siete tapices se expusieron por primera vez en la capilla vaticana el 26 de diciembre.

Serie de tapices sobre los Hechos de los Apóstoles en la galería del Palacio Real de Madrid. Fuente: Parte del Arte

El encargo despertó admiración y múltiples elogios. De hecho, fueron varios los monarcas como Francisco I de Francia o Enrique VIII de Inglaterra los que encargaron réplicas. También Felipe II quiso hacerse con una reedición de este conjunto para utilizarlas en los actos solemnes y litúrgicos de la corte del Alcázar. Felipe se hizo con ella en Amberes, cuando todavía era príncipe, en los dos viajes que realizó a los Países Bajos entre 1549 y 1555. Esta edición es la que hoy se expone en la galería central del Palacio Real de Madrid. Además, el valor de la colección del monarca es indiscutible, pues la serie de Francisco I ardió durante la Revolución Francesa y la de Enrique VIII fue destruida durante los bombardeos aliados de 1945.

Lamentablemente, Rafael murió con tan sólo treinta y siete años y no pudo ver terminado uno de los proyectos más ambiciosos que realizó. Sus ultimas voluntades fueron pedir una garrafa de vino y ser enterrado en la iglesia de Santa María Rotonda, el Panteón de Agripa. Una elección muy personal en la que manifestó su admiración por la ciudad de Roma y su compromiso con la doctrina cristiana y arte clásico, como recoge la comisaria de la muestra. Por suerte, cinco siglos después, el Palacio Real recoge el gran homenaje que se merece y por primera vez, podemos disfrutar de la colección de tapices expuesta de manera conjunta.

LA COLECCIÓN QUE FASCINÓ A FELIPE II

Desde su ingreso en la Real Tapicería, las novedosas y precursoras composiciones de Rafael fueron destinadas a la Capilla Real, un deslumbrante escenario al que se incorporó la Historia de los Apóstoles como parte esencial del ceremonial litúrgico por su intrínseca secuencia narrativa, sus potentes calidades cromáticas y su contenido doctrinal. Tenemos que tener en cuenta que la serie de tapices está conformada por dos ciclos narrativos.

En primer lugar encontramos el ciclo dedicado a la figura de san Pedro como príncipe de los apóstoles y centrado en el vicario de Cristo. Este primer ciclo está compuesto por cuatro tapices; dos de ellos están inspirados en los textos evangélicos de Lucas, Mateo y Juan y llevan por título La pesca milagrosa y La misión de san Pedro o Apacienta mis ovejas. A ellos se les une otros dos pasajes correspondientes al ministerio de Pedro, la curación del paralítico y la muerte de Ananías; es decir, tapices dedicados a los milagros que el príncipe de los apóstoles realizó en Jerusalén y a las vivencias de las primeras comunidades cristianas. De todas ellas, y al tratarse de la primera que abre la serie, la pesca milagrosa es una de las más singulares. Es la primera vez que se incorpora paisaje y profundidad en un tapiz, algo que no se había dado en los tapices coetáneos de 1514. El éxito de tanto esta, como el resto de escenas, es que se trata de obras muy fáciles de comprender, lo que permite quedarse fascinado mirando los detalles. Rafael introduce aspectos como las emociones y los sentimientos, y los tapiceros tuvieron un gran reto, porque tuvieron que trasladar esas dificultadas técnicas al telar.

La pesca milagrosa (detalle) Fuente: Parte del Arte.

Otro de los aspectos que llama la atención de esta serie, son las cenefas que enmarcan las escenas. Por ejemplo, en la curación del paralítico, las cenefas laterales, son una alegoría del paso del tiempo y el transcurso de las estaciones. Sus figuras superpuestas, extraídas de la mitología clásica, no son especulares como las del resto de los paños. Incorporan diferentes personificaciones del día y la noche –Apolo y Diana–; atributos del tiempo y la eternidad –reloj de arena, reloj de veinticuatro horas y serpiente mordiéndose la cola–; y personificaciones de las cuatro estaciones. La cenefa inferior es una alegoría de la Fortuna, mujer bifaz, que da o niega riquezas o favores a seis personajes, flanqueados a izquierda y derecha por la Prudencia con el espejo y la Constancia armada con lanza y escudo. Todo un programa iconográfico que hace que nos resulte imposible llevar la mirada hacia otro lado.

La curación del paralítico. Fuente: Patrimonio Nacional.

Por otra parte, el segundo ciclo está dedicado al ciclo paulino, es decir, a la misión de san Pablo como apóstol de los gentiles. Este ciclo se inicia con los pasajes de La lapidación de san Esteban y La conversión de Saulo, fruto y consecuencia del martirio del diácono y protomártir, y muestra dos escenas enlazadas ante un fondo paisajístico localizado en
los exteriores de Jerusalén y el camino de Damasco. Además, San Pablo, protagoniza junto a su colaborador san Bernabé dos secuencias de su primer viaje apostólico a Pafos (Chipre), como refleja la ceguera de Elymas o la conversión del procónsul.

El último tapiz, La predicación de san Pablo en el areópago de Atenas fue concebido como colofón y homenaje de Rafael a sus mecenas, el pontífice León X (1475-1521) y el humanista Janus Lascaris (1445-1534), incorporados entre los filósofos asistentes al debate paulino en el ágora o plaza principal de la capital del Ática. Pablo, centro espiritual de la composición, aparece en primer término predicando en el Areópago de Atenas, caracterizado por el templo circular, que recuerda al Tempietto de Bramante en San Pietro in Montorio, y la estatua de Ares, dios de la guerra. La figura de Pablo con los brazos levantados hacia el cielo y adelantado hasta el borde de las gradas, destaca sobre todos los asistentes, no sólo por hallarse en un lugar elevado, sino porque el resto de espectadores se ha representado en menor escala. El discurso de san Pablo fracasó frente a los filósofos, que no podían admitir la resurrección de los muertos, pero despertó la vocación cristiana en algunos oyentes penetrados de la verdad de la nueva doctrina, como Dionisio Areopagita y su mujer Dámaris, que ascienden las gradas a la izquierda.

La predicación de san Pablo en el Areópago de Atenas. Fuente: Patrimonio Nacional.

LA CONSERVACIÓN Y EL TRASLADO DE LOS TAPICES

El proceso de traslado para la exposición de tapices ha sido un trabajo muy cuidadoso, ya que se trata de un trabajo realizado con seda y lana. Pero, como ya hemos mencionado, la serie original que estaba tejida con hilos metálicos fue sustituida por Felipe II por fibras de seda tintadas en vivas gamas cromáticas. Los tonos rojos, azules, verdes y amarillos, empleados con profusión, logran transmitir sensaciones de luminosidad y riqueza. La textura resplandeciente de la seda amortigua las inevitables sombras provocadas por los surcos de la urdimbre y consigue evocar las cualidades del oro. Sin duda, fue una excelente idea que ha permitido su conservación a lo largo de los siglo, ya que si los hilos hubieran sido de oro pordrían haberse oscurecido u oxidado. Igualmente, este aspecto no impide que las obras hayan tenido que ser tratadas con mucho cuidado y delicadeza.

Por ejemplo, las piezas nunca han llegado a tener contacto con el suelo, si no que se apoyan sobre un forro previo para desenrollarlos y llevarlos al lugar donde serán expuestos. A mediados del siglo XX se empezó a utilizar el velcro, muy habitual en aquel tiempo, y se llegó a la conclusión de que era mucho mejor para su conservación porque el peso del paño queda mucho más repartido. El lugar elegido tampoco ha sido seleccionado por el azar; los tapices necesitan mucha altura y anchura, y la galería era el único espacio posible, además recuerda mucho a espacios religiosos como las logias vaticanas, también representadas las arquitecturas fingidas de la tapicería expuesta.

Serie de tapices sobre los Hechos de los Apóstoles en la galería del Palacio Real de Madrid.
Fuente: Parte del Arte

UNA OPORTUNIDAD ÚNICA

Desde luego, esta exposición se trata de una oportunidad única de disfrutar de una experiencia inaudita. La colección real española de tapices, gestionada y administrada por Patrimonio Nacional, es considerada única en el mundo por el número de piezas que atesora, más de quinientos ejemplares sobresalientes de la excelente producción manufacturera flamenca renacentista y barroca, y más de ochocientos paños de la significativa fabricación española del siglo XVIII. Y tener la oportunidad de ver este conjunto expuesto en un escenario como el Palacio Real y en pleno V Centenario de Rafael, merece una visita pausada y calmada que permita disfrutar de estas escenas y la cantidad de detalles y expresiones que se esconden en ella.

La comisaria de la muestra, Concha Herrero Carretero, con Natalia Nuñez, CEO de Parte del Arte. Fuente: Parte del Arte.

Nos despedimos por hoy. Como siempre, nos encantará leeros y comentar con todos vosotros y vosotras qué os ha parecido la exposición. Ya sabéis que podéis encontrarnos en nuestras redes sociales (InstagramFacebook y Twitter), nuestra página web y en este Baluarte. ¡Seguidnos para no perderos nada!

¡Feliz Semana!

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