¿Cómo se representaban las pasiones humanas en el Barroco?

Noviembre es el mes en el que se celebra la semana de la ciencia y en Parte del Arte nos hemos unido al evento organizando visitas guiadas a la exposición temporal Arte y Carne. La anatomía a la luz de la Ilustración, una exposición gratuita organizada por el Centro de Arte Complutense de Madrid. Como complemento a las actividades culturales que desarrollamos en Parte del Arte y a las que se han venido celebrando este mes en toda la Comunidad de Madrid hoy en BaluArte os hablamos de cómo la ciencia y el arte se complementan.

Conocido como el Siglo de las Luces, el siglo XVIII fue una etapa de esplendor para las monarquías europeas, que impulsaron notablemente el desarrollo de las ciencias. Continuando con el espíritu de experimentación surgido durante el Renacimiento, el siglo XVIII es el momento de los grandes tratados de anatomía, medicina y todo tipo de estudios científicos a los que los artistas contribuyeron formidablemente con sus detallados y precisos dibujos del cuerpo humano.

Desde la Antigüedad y con su posterior recuperación por parte de los artistas del Renacimiento se fueron sucediendo toda una serie de teorías sobre cómo representar de forma correcta el cuerpo humano, basadas en los nuevos conocimientos científicos. Pero los artistas no sólo querían conocer la anatomía del cuerpo a la perfección. Los comportamientos humanos, el carácter y especialmente los sentimientos fueron asuntos de gran interés para ellos, especialmente durante el Barroco, un momento en el que estas cuestiones se convirtieron en los grandes temas del arte.

El lenguaje barroco, tan dinámico y dramático necesitaba una serie de herramientas para poder desarrollarse correctamente y fueron muchos los artistas de este periodo que se sumergieron de lleno en el estudio de estas cuestiones. Uno de ellos es nuestro protagonista de hoy, Charles le Brun, pintor de cámara de Luis XIV y gran estudioso de la “fisiognomía de las pasiones”.

DIME A QUÉ ANIMAL TE PARECES Y TE DIRÉ QUIEN ERES

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Charles Le Brun Tres cabezas de hombre en relación al camello. Gabinete de dibujos. Museo del Louvre. París

Los estudios fisiognómicos nacen del interés de los seres humanos por desvelar el carácter de una persona a través del estudio y la interpretación de su rostro. Se aplicaron a lo largo de la historia a diferentes cuestiones de la vida: los jueces lo utilizaban como apoyo para establecer un veredicto, los médicos para diagnosticar diferentes enfermedades, a los comerciantes les servía para escoger a sus clientes ( los que no tuviesen cara de morosos) e incluso a las jóvenes casaderas les servía para escoger su marido ideal. Por supuesto estos estudios de tipo “pseudocientífico” fueron perfectamente conocidos y aplicados por artistas, que a su vez influyeron en otras creaciones artísticas como la música. Se establecieron una serie de teorías que partían de un método zoológico basando en comparaciones entre animales y personas. La premisa era la idea de que cada especie animal tiene unos rasgos físicos y un carácter concreto y se llega a la conclusión de que aquellos hombres que tengan un parecido razonable con un animal debe compartir con éste sus características. Así, por ejemplo, se consideraban impúdicas a las personas con “cara de cuervo” y nobles y magnánimas a aquellas con gran melena y la robustez de un león.Numerosos artistas, entre ellos Le Brun estudiaron ampliamente estos temas y los aplicaron a sus pinturas.

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Charles le Brun, Tres Cabezas de hombre en relación con la cabra. Gabinete de dibujos. Museo del Louvre. París

AMOR, DRAMA Y SENTIMIENTO : GRANDES TEMAS DEL BARROCO

Desde el siglo XVI estos estudios se recogen en tratados perfectamente ilustrados con grabados que facilitaban enormemente su compresión.

La gran aportación del Barroco a este asunto reside en que se empieza a establecer una diferenciación entre el carácter ( que era lo que estos estudios analizaban), que es estable, inmutable y constante y la emoción y el sentimiento, que son temporales, pasajeros y breves y que solo modifican el rostro momentáneamente. Desde el siglo XVI en toda Europa artistas de la talla de Rubens, El Greco o Leonardo da Vinci se interesaron por estas teorías pero fue Charles le Brun uno de los que más aportó a este campo de experimentación y uno de los que más influyó en las artes plásticas durante los siglos XVII y XVIII. Pintor y decorador al servicio de Luis XIV, estudió en la Academia de San Lucas de Roma y promovió la creación de la Academia Real de Pintura y Escultura de París, en la que estableció la costumbre de impartir una conferencia mensual sobre un tema de interés para académicos, artistas y público en general. Él mismo impartió dos que trataban sobre estos asuntos: La expresión de las pasiones y La fisiognomía, concebidas con un gran sentido didáctico y acompañadas de un elevado número de dibujos que pronto circularon entre los artistas y se difundieron de manera muy rápida, llegando a influir de forma decisiva en el desarrollo del arte francés y europeo posterior.

Acompañados de descripciones muy minuciosas sobre las respuestas gestuales al amor, la admiración, la rabia, la tristeza, los celos…se convirtieron en un verdadero manual para los artistas.

Os hablamos de cómo concebía Le Brun algunas de las pasiones y cómo los músicos de esta época le dieron voz a estos sentimientos.

LA ADMIRACIÓN

Para Le Brun la admiración es la primera y la más moderada de todas las pasiones y en la que el corazón siente menos agitación: El rostro sufre pocos cambios en todas sus partes, en todo caso en la elevación de las cejas, pero los dos extremos de las cejas se encontrarán al mismo nivel. El ojo aparecerá algo más abierto de lo normal, así como la pupila, entre los dos párpados y sin movimiento, fija en el objeto causante de la admiración. La boca la tendrá también entreabierta pero sin manifestar ninguna alteración, como el resto del rostro.

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Charles Le Brun. Admiración con asombro. Gabinete de Dibujos. Museo del Louvre. París

En torno al estudio de las pasiones del alma surgió toda una retórica en el plano filosófico de la mano de autores como Descartes que se tradujo a su vez en el plano musical.

Un ejemplo de música que describe el sentimiento de la admiración es el aria de Händel Ombra mai fu, de la ópera Serse,una historia que transcurre en Persia en el año 480 a. C y que tiene como protagonista al rey Jerjes I. Este aria muestra el momento en que el rey canta una oda a un árbol ( un platanero) que le ha impresionado.

El texto dice: Nunca fue hecha sombra ( forma) de una planta tan querida y amable, ni tan suave.

EL AMOR

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Charles Le Brun. Amor, definido como Ravissement (delicia). Gabinete de Dibujos. Museo del Louvre. París

En palabras de Le Brun, los movimientos del Amor cuando es la única pasión son muy dulces y sencillos ya que “la frente estará uniforme, las cejas un poco elevadas del lado donde se encuentra la pupila y la cabeza inclinada hacia el objeto que causa amor con los ojos muy abiertos y el blanco del ojo muy vivo y brillante. La boca un poco entreabierta, las comisuras algo elevadas y los labios aparentemente húmedos, una humedad producida por por el vapor que se eleva desde el corazón”

Los grandes dramas de amor fueron uno de los asuntos predilectos de la música barroca pero pocas obras lo describen tan bien como el aria Sé que muero de amor,curiosamente escrita en español para una ópera francesa compuesta por Lully (compsitor también al servicio de Luis XIV) y con libreto de Móliere. Una delicia absoluta.

TRISTEZA

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Charles Le Brun. La Tristeza. Gabinete de Dibujos. Museo del Louvre. París

En sus pautas para la representación de la tristeza Le Brun hace referencia a cómo las respuestas del rostro ante este sentimiento tienen su origen en el cerebro. En sus propias palabras: Esta pasión se muestra por movimientos que parecen marcar la inquietud del cerebro y el abatimiento del corazón, ya que “ los lados de las cejas se elevan más hacia el interior que hacia el exterior. Quien está afectado de esta pasión tiene las pupilas turbias , el blanco del ojo amarillento , los párpados bajos y algo inflamados y el contorno de los ojos lívido. Los orificios nasales caídos, la boca entreabierta y las comisuras hacia abajo. La cabeza aparece indolentemente inclinada sobre uno de los hombros. Todo el color del rostro es plomizo y los labios pálidos y sin color.

La correspondencia musical más clara de este sentimiento la encontramos en unas pequeñas piezas para consort de violas que compuso John Dowland, quien utilizó el lenguaje musical propiamente dicho para transmitir la tristeza. El título de estas composiciones es Lachrimae (lágrimas) y en ellas utiliza una pequeña melodía al inicio formada por notas de forma descendente, como si fuesen las propias lágrimas que descienden por el rostro. Un lenguaje poético y simbólico que da lugar a estas obras tan conmovedoras.

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Partitura original de las Lachrimae de Dowland en la que repite las primeras notas descendentes haciendo alusión a las lágrimas

Más adelante en el tiempo muchos científicos continuaron el camino de investigación de las pasiones humanas y su reflejo en el rostro. Es el caso de Gillaume Duchenne de Boulogne, un médico del siglo XIX que realizó una serie de estudios en el ámbito de la neurología y aplicaba la electricidad con fines terapéuticos. Escribió una obra titulada “El mecanismo de la fisionomía humana. Análisis electro-fisiológico de la expresión de las pasiones, aplicable a la práctica de las Bellas Artes”, en la que recogía los resultados de sus experimentos que consisitían en aplicar electrodos en los rostros paralizados de algunos pacientes para así generar las expresiones de las diferentes pasiones y sentimientos humanos. Las fotografías que se realizaron de estos experimentos también fueron utilizadas por numerosos artistas.

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Fotografía de la obra de Gillaume Duchenne de Boulogne en el que aparece aplicando los electrodos a un paciente

Filosofía, arte, ciencia y música. Disciplinas que se apoyan, complementan y son completamente indisolubles. La cultura es una gran ventana al mundo y en Parte del Arte os invitamos a que os asoméis a ella con nuevos ojos, los que no solamente ven, sino los que empatizan con personalidades y tiempos pasados, los que recrean ambientes y épocas históricas lejanas, los que aprenden del pasado y se esfuerzan en comprender el presente. Es nuestra convicción y el compromiso con la que diseñamos nuestras visitas guiadas , rutas culturales, cursos y viajes fuera de Madrid. ¿ Te unes a la aventura?

Esther Arce Bayón

Enlaces de interés:

-Exposición Arte y Carne

-Catálogo en línea del Museo del Louvre

-Libro “La fisiognomía de las Pasiones” Charles le Brun