ENTRE LA OBSESIÓN Y EL DESPRECIO: LAS MUJERES EN LA VIDA DE HITCHCOCK

Aunque resulte difícil de creer, es la primera vez en España que se dedica una exposición al gran maestro del suspense Alfred Hitchcock. La anfitriona es la Fundación Telefónica en Madrid que a través de un original montaje nos sumerge en la época y en la obra de uno de los más grandes maestros del cine de todos los tiempos. En Parte del Arte os ofrecemos visitas guiadas a la exposición en las que os contamos todos los entresijos de la filmografía de Hitchcock y a continuación, como complemento a la visita hablaremos de las mujeres que rodearon al director, pero no sólo de las grandes actrices que le inspiraron, sino también de las que trabajaron codo con codo junto a él detrás de las cámaras en la realización de sus películas.

HITCHCOCK LAS PREFERÍA RUBIAS

Las actrices que aspiraran a tener un papel en una de las tramas de Hitchcock debían cumplir varios requisitos: cierta frialdad, elegancia, inteligencia… y si a estas cualidades se le sumaba una melena rubia muchísimo mejor. Esto último se convirtió en una de las cualidades indispensables ya que según sus propias declaraciones “Las rubias hacen mejor de víctimas. Son como la nieve virgen que muestra las huellas de sangre”. La elección era clara si el pelo rubio se sumaba al talento necesario para interpretar los a veces complicados papeles de sus películas y afrontar las enormes exigencias a las que Hitchcock sometía a sus actrices.

TIPPI HEDREN

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Tippi Hedren en Marnie, la ladrona

Su nombre real es Nathalie Hedren. Hija de padre sueco y madre anglo-alemana siempre se hizo llamar por el apodo que le puso su padre, que en sueco significa “cariño”. Es también la madre de la actriz Melanie Griffith y la abuela de Dakota Jhonson.

Antes de ser “descubierta” por Hitchcock, Tippi Hedren se dedicaba al mundo de la publicidad, en el que trabajaba como modelo, aunque había salido como figurante en el musical The Pretty Girl. Fue escogida por el director cuando la vio en un anuncio de una bebida dietética, en pleno proceso de búsqueda de una actriz para una de sus películas, ya que su relación con su gran musa Grace Kelly se había deteriorado enormemente. Tippi cumplía todos los requisitos: inteligente, elegante, recatada y cumplía con su obsesión por las rubias. La primera película en la que trabajaron juntos fue Los Pájaros, filmada en 1963 cuyo rodaje fue realmente duro para la actriz debido al gran acoso que sufrió por parte del director, que ejercía un control excesivo sobre ella y la sometió a grandes pruebas físicas y que ponían en riesgo su seguridad, tal y como se muestra en la exposición. Uno de los momentos más tensos fue el rodaje de la última escena de la película, en la que un gran número de pájaros la atacaban. Para rodar la escena se escogieron gran cantidad de aves, algunas amaestradas y otras que se cosieron con hilos transparentes a la propia ropa de la actriz. El proceso tuvo que interrumpirse cuando uno de los pájaros le picó muy cerca del ojo y Tippi sufrió un ataque de ansiedad. A pesar de ello, el riesgo fue recompensado con el Globo de Oro a la mejor actriz revelación el año que se estrenó la película.

Una vez repuesta de la mala experiencia en el rodaje de Los Pájaros, Tippi Hedren volvió a trabajar con Hitchcock en Marnie, la ladrona, aunque durante este rodaje el acoso se multiplicó aun más y la actriz se negó a volver a trabajar con él. Las consecuencias fueron el intento de boicotear la carrera de Tippi por parte de un Hitchcock despechado, aunque finalmente ella pudo continuar su camino y participar en otros proyectos cinematográficos.

GRACE KELLY

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Grace Kelly y Cary Grant en una escena de Atrapa a un ladrón

Grace Patricia Kelly fue una de las rubias que más obsesionó a Alfred Hitchcock, probablemente su preferida. Tuvo una carrera corta pero muy intensa, en la que rodó 11 películas antes de los 26 años, momento en el que se casa con el príncipe Rainiero III de Mónaco y se retira definitivamente del mundo del cine. Tras el éxito que había tenido en 1953 la película Mogambo, dirigida por Jhon Ford y en la que comparte cartel con Clark Gable y Ava Gardner . Grace Kelly comienza su andadura con Alfred Hitchcock en su película Crimen Perfecto (1954). Enseguida su belleza, su forma de actuar y su gran carisma cautivaron al director y según declaraciones de la propia actriz, “Hitchcock estaba obsesionado conmigo, y yo empecé a sentirme muy incómoda” . A pesar de ello trabajaría más adelante con él en otras dos películas, Atrapa un ladrón y La ventana Indiscreta. Tal y como os contamos en la visita guiada a la exposición, Grace Kelly encarna a la perfección la elegancia y sofisticación americana de los años 50 que bebía directamente de fuentes europeas. Los magníficos vestuarios diseñados por Edith Heard, Christian Dior o incluso Salvador Dalí lucían en la figura de Grace Kelly de una forma fulgurante, siempre bajo la exhaustiva supervisión y control del director. Este mundo de lujo y elegancia queda especialmente de manifiesto en Atrapa un ladrón: muchas joyas, un ladrón de guante blanco, una rica heredera y la Costa Azul como marco de la trama. Esta película se ha considerado en algunas ocasiones como una obra menor del director, pero sin duda se trata de una de las cintas en las que Grace Kelly brilla como nunca.

Otra de las actrices más humilladas por Hitchcock fue Kim Novak, especialmente durante el rodaje de Vértigo, una película que podría considerarse como reflejo de la propia personalidad de Hitchcock y su obsesión por las rubias. La actriz interpreta a una mujer real (de pelo oscuro) y a la mujer ideal, que tendría el pelo rubio. No sólo sometió a la actriz a diferentes tintes de pelo para conseguir el acabado de “rubio perfecto” sino que rodando una escena en la que ella se cae a la bahía de San Francisco, le obliga a repetirla numerosas veces solamente por el placer de verla secarse y volverse a mojar una y otra vez.

El acoso de Hitchcock a sus actrices traspasó todos los límites con Joan Fontaine, protagonista de Rebecca. Durante el rodaje de la película le mandó repetir varias veces la misma escena y como consideraba que no conseguía la expresión que quería el guión se levantó de su silla y la abofeteó hasta hacerla llorar y después exclamó: “Corten, perfecto. Toma perfecta” .

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Kim Novak recibiendo indicaciones de Alfred Hitchcock durante el rodaje de Vértigo

El particular sentido del humor de Alfred Hitchcock también causó estragos en los rodajes de sus películas. Era un humor irónico, obsceno e incluso cruel. Le gustaba gastar bromas especialmente pesadas, como fue el caso del rodaje de Los treinta y nueve escalones, en el que quiso ensayar unas escenas con Robert Donat y Madeleine Carroll y para ello les esposó con unas esposas de verdad y “misteriosamente” la llave se perdió y no apareció hasta el día siguiente. En el mismo rodaje también se desabrochó el pantalón delante de ella y le pidió al camarógrafo que inmortalizase el momento.

DE LA HUMILLACIÓN A LA ADORACIÓN: HITCHCOCK Y SU ESPOSA

Alfred Hitchcock

Alfred Hitchcock y Alma Reville trabajando juntos en el guión de Marnie, la ladrona

Si una mujer tuvo influencia verdadera sobre Alfred Hitchcock fue Alma Reville, su esposa y compañera de trabajo durante toda su carrera cinematográfica, algo que en cierta medida perjudicó a su imagen profesional, siempre a la sombra de su marido. Alma Reville fue una apasionada del séptimo arte desde su juventud. Fue actriz de cine mudo en su juventud y con tan sólo 15 años ya trabaja en la industria cinematográfica en los estudios Twickenham como ayudante de vestuario y más tarde como encargada de continuidad,guionista y editora.

Conoció a Alfred Hitchcock en 1923 durante el rodaje de Woman to Woman, de Graham Cutts, en la que él trabajaba como ayudante del director, adaptador, guionista y decorador y ella era la encargada del script y del montaje. Dos años después, Alma trabajaría en el rodaje de la primera película de Hitchcock, The Pleasure Garden (1925) y durante este rodaje él le pidió matrimonio. A partir de este momento sus vidas en el ámbito personal y profesional nunca se separarían.

Alma participó de forma muy activa en todas las películas de su marido, realizando un trabajo no siempre reconocido. Era una de las pocas personas cuya opinión era tenida en cuenta por el director y según sus biógrafos y los testimonios de su hija y de quienes les conocieron ,era una mujer de carácter. En una reciente biografía publicada por Donald Spoto, en la que se analiza el papel de las mujeres de la vida de Hitchcock se recoge el testimonio de Patricia, su hija, en el que dejaba claro que en el matrimonio de sus padres era su madre “quien llevaba la batuta”.

Mucho se ha especulado sobre el matrimonio y su relación más personal, llegándose a afirmar por muchos de los expertos, biógrafos y estudiosos que se trataba de una relación de poca pasión entre ellos en la que primaba otra pasión que tenían en común “ el cine”. A pesar de todas las especulaciones y al contrario de las humillaciones a las que sometía a las actrices, Hitchcock siempre valoró el trabajo de su esposa. En un discurso que pronunció en 1979 durante un homenaje del American Film Institute le dedicó estas bonitas palabras:

Pido permiso para mencionar por su nombre únicamente a cuatro personas que me han dado todo su cariño, su reconocimiento, sus ánimos y su constante colaboración. La primera de las cuatro es una montadora cinematográfica, la segunda es una guionista, la tercera es la madre de mi hija Pat, y la cuarta es la cocinera más excelente que haya obrado milagros en una cocina doméstica, y el nombre de las cuatro es Alma Reville . Si la hermosa señorita Reville no hubiera aceptado hace 53 años un contrato vitalicio sin opciones para convertirse en la señora de Alma Reville, Alfred Hitchcock, es posible que el señor Alfred Hitchcock se encontrara en esta sala esta noche. Sin embargo, no estaría en esta mesa, sino que sería uno de los camareros más lentos de la sala. Quiero compartir este premio, como he compartido mi vida, con ella.”

DETRÁS DE LAS CÁMARAS: LA EXCÉNTRICA EDITH HEAD

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Edith head posando con algunos de sus Oscars

Edith Head es una de las mujeres más trascendentes en la historia del cine y una de las fieles colaboradores de Hitchcock detrás de las cámaras como diseñadora de vestuario. Comenzó su carrera como maestra en un colegio para señoritas y recibía clases de diseño en sus ratos libres, hasta que se presentó a una oferta de trabajo de la Paramount Pictures y consiguió un puesto gracias a su enorme talento. En 1949 conseguirá su primer Oscar y comenzó una década gloriosa de premios y reconocimientos. Actualmente sigue siendo la mujer que más Oscar ha conseguido, un total de 8 premios y 35 nominaciones.

Edith era una mujer con una personalidad muy especial que la distinguí del resto de diseñadores. Por un lado, tenía la gentileza de trabajar y tratar con el mismo respeto a las grandes estrellas y a los figurantes, algo que le hizo muy popular y les proporcionó ciertos beneficios, ya que muchos de esos figurantes se convertirían en estrellas y confiarían en sus diseños en su vida personal, como fue el caso de Grace Kelly que se convirtió en una de sus más fieles clientas. Por otro lado y a diferencia de otros diseñadores, Edith se mantuvo fiel al cine y no se quiso independizar para crear una empresa de diseño independiente, como era habitual por entonces.

Trabajó en varios proyectos para Hitchcock, algo que tiene un gran mérito dados los antecedentes del director con las mujeres y la costumbre del director de controlar absolutamente todos los procesos de realización de sus películas. Sin embargo, se entendieron bien y crearon un potente equipo, quizás porque son personas con personalidades similares. Edith, al igual que Hitchcock, fue una de las primeras personas que convirtió su propia figura en lo que podríamos llamar hoy en día “imagen de marca”, con un estilo muy particular marcado por sus oscuras y redondas gafas y sus boinas francesas. Un estilo que ha inspirado otros personajes de ficción, como es el caso del personaje de Edna Moda de la película de animación Los increíbles. En el caso de Hitchcock fue uno de los pioneros en utilizar este recurso como reclamo publicitario. Su imagen se repitió sin cesar en todos los carteles y anuncios de sus películas, era su propia marca, el director como creador, algo que cambió los esquemas de la historia del cine tal y como se habían entendido hasta entonces.

Son incontables las anécdotas acerca de la relación de Hitchcock con sus actrices durante los rodajes de las películas y mucho habló el propio Hitchcock de ellas (mucho más que de sus actores). Les dirigió todo tipo de palabras que siempre se mueven entre la admiración más profunda y el desprecio y la degradación absolutas. Declaraciones e historias que forman parte de la historia de cada rodaje, de cada película y de la propia historia de una vida dedicada en exclusiva al cine y a encumbrar el género del suspense más alto de lo que nunca antes se había llegado. En la visitas guiadas de Parte del Arte a esta exposición – a una de las más interesantes de la actualidad- os desvelamos todos los secretos de este genio de la historia del cine y os damos las claves para sacarle el máximo partido a sus películas.

Os esperamos “más allá del suspense”

Esther Arce Bayón

EL LADO BUENO DE LA VIDA. RENOIR EN LA INTIMIDAD

El mes de octubre va avanzando y en Parte del Arte ya estamos calentando motores para las visitas de Renoir.Intimidad, en el Museo Thyssen, una de las exposiciones más esperadas del año. Se trata de una muestra de más de setenta obras de este gran pintor procedentes de museos y colecciones de todo el mundo en las que se muestra su producción desde un punto de vista que trasciende lo puramente visual para adentrarse en una experiencia sensorial. La visión que nos ofrece el Thyssen hace hincapié en cómo Renoir dota a sus figuras de una cercanía tangible a través del tratamiento del volumen, la materia y las texturas, con las que plasma el concepto de intimidad con todas sus variantes (amistosa, erótica y familiar).

Una pintura muy personal en la que Renoir deja ver parte de sí mismo, de sus preocupaciones y su forma de sentir y ver la vida. Hoy os invitamos a conocer al Renoir hombre y las circunstancias vitales que vieron nacer una pintura para disfrutar con todos los sentidos.

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Pierre-Auguste Renoir, Paisaje de Cagnes-sur-Mer, 1905

UNA VIDA TURBULENTA

Pierre-Auguste Renoir nació en la localidad de Limoges el 25 de febrero de 1841 en el seno de una familia humilde. Su padre era sastre y su madre obrera y el fue el cuarto hijo del matrimonio. Cuando Renoir tenía tres años se trasladaron a París para mejorar sus condiciones de vida, aunque allí sufrieron las consecuencias de las transformaciones urbanas impulsadas por Napoleón III, lo que no siempre les permitió vivir en las mejores condiciones.

A pesar de este entorno en principio poco favorable para las artes, el pequeño Pierre-Auguste ya demostró de forma temprana su talento para el dibujo y también para el canto. El gran músico y compositor Charles Gounod se ofreció a darle lecciones de canto de forma gratuita y le seleccionó para formar parte del coro de la iglesia de Saint-Sulpice, de donde era maestreo de capilla. Sin embargo, su padre le anima a escoger un oficio con más futuro y con 13 años ya se dedicada a la pintura, aunque en este caso de forma más práctica como aprendiz decorador de porcelana en la manufactura de los Lévy, un oficio tradicional en su localidad de origen y con el que aspiraba a conseguir un empleo en la famosa manufactura de porcelana de Sèvres. Pero la época que le tocó vivir a Renoir estuvo cargada de grandes transformaciones y con la llegada de nuevos métodos industriales la empresa Lévy quebró y el pintor tuvo que buscarse el sustento por cuenta propia. Gracias a los conocimientos que había adquirido como decorador realiza algunos trabajos pintando abanicos o decorando cafés y ya va desarrollando un estilo que tenía cierto éxito, aunque siguió sufriendo problemas económicos. A su situación financiera hay que sumarle las propias circunstancias históricas que vivó, que contribuyeron a complicar todavía más su vida.

En 1870, cuando Renoir tenía 29 años fue llamado a filas para combatir en la guerra franco-prusiana, en la que perdió a uno de sus mejores amigos, el también pintor Frederic Bazille y se vio obligado a separarse de otros de sus colegas, como Monet y Pisarro, que se refugiaron en Inglaterra. El conflicto terminó con la proclamación de la III República y su caída poco después tras la derrota de Francia ante Bismarck. Esta situación fue generando un caldo de cultivo que desembocó en otro importante acontecimiento que afectó a la vida de Renoir, el estallido de la Comuna de París. A pesar de que él no participó activamente en estos violentos acontecimientos fue considerado simpatizante de los partidarios de la Comuna, lo que le llevó a tener que vivir escondido durante algún tiempo. Un entorno hostil y grandes dificultades que Renoir decide dejar fuera de su pintura, siempre llena de color y optimismo. Era un hombre sencillo al que le gustaba quedarse con la parte buena de la vida y su pintura refleja esa filosofía de vida. En una ocasión dijo: Cuando Pisarro pintaba una escena de París ponía siempre un entierro, mientras que yo habría puesto una boda.

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Pierre- Auguste Renoir, Madame Monet leyendo “The Figaro”,1872.

LA AVENTURA IMPRESIONISTA

La vida de Renoir sufrió un gran cambió a partir de 1862 cuando comienza a asistir a las clases de Charles Gleyre en la Academia de Bellas Artes de París. Allí conoce a Monet, Sisley y Bazille, con los que enseguida entabla amistad y comparte vivienda en París. En un primer momento Renoir se interesó por la Escuela de Barbizon y por la pintura al aire libre y más adelante pasó a formar parte del grupo de impresionista.

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En 1874 participó en la primera muestra impresionista en la casa del fotógrafo Nadar con seis obras que provocaron las risas y burlas del público, al igual que le pasó a sus compañeros. Las obras del grupo quedaron desacreditadas y tuvieron que organizar una subasta para poder vender sus obras a precios ridículos.

Sin embargo, el grupo continuó la lucha por la defensa de su pintura y poco después se celebró una nueva exposición impresionista alentada por el marchante de arte Durand-Ruel pero tampoco tuvo éxito. Fue calificada de “espectáculo espantoso” y el crítico de Le Figaro, Albert Wolff se refirió así a uno de los desnudos de Renoir. “ …intenté explicar al señor Renoir que el torso de una mujer no es un amasijo de carne en descomposición, cubierto con manchas verdes y moradas que denotan el estado de completa putrefacción de un cadáver” .

A pesar de estas críticas y de la total incomprensión de su obra por parte de la sociedad, Renoir sigue pintando y a partir de 1878 su vida vuelve a dar un giro. En estos años decide probar suerte en los salones oficiales, donde por fin encontró el esperado reconocimiento de su obra. A partir de estos momentos fue abandonando poco a poco los postulados impresionistas en busca de su propio estilo. Una serie de viajes a partir de 1881 a Argel, Normandía, Venecia, Nápoles y Roma cambiaron su forma de concepción de la belleza y se cuestionó la espontaneidad de sus obras, emprendiendo un camino de búsqueda hacia una pintura más definida, que será la que caracterice su último periodo artístico.

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Con este Retrato de Madame Charpentier y sus hijas Renoir consagró su pintura en los salones oficiales en 1879.

Renoir pudo disfrutar de su éxito hasta los 50 años, cuando comienza a padecer ataques de reúma cada vez más acusados que le fueron privando poco a poco de movilidad. Sin embargo nunca perdió la ilusión y las ganas de pintar, ya que él siempre manifestó la felicidad que le producía hacerlo. Esta ilusión le llevó a adoptar soluciones muy curiosas, como hacerse sujetar un pincel a la muñeca para poder seguir creando composiciones pobladas de agradables reuniones de personajes y parejas felices que disfrutan de la vida.

Falleció el 3 de diciembre de 1919 dejándonos con sus cuadros el reflejo de lo bueno de la sociedad de su tiempo y la alegría de una persona que siempre vio la luz en la oscuridad.

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A pesar de ser uno de los cuadros más valorados de Renoir en la actualidad, Le Moulin de la Gallete fue completamente rechazado en su presentación en la segunda exposición de los impresionistas en 1876.

El poeta Rafael Alberti le dedicó estos versos en su libro “ A la pintura”:

Pintor: en tu paleta rumorosa,

cuando vierten sus jarras los colores

ya todo son ramos de flores

y rosa.

Esther Arce Bayón